Tal
vez uno de los elementos menos conocidos del Grupo
B es el ácido pantoteico, denominado igualmente
Vitamina B5 y con alta incidencia en el metabolismo
energético. No ocurre así con el ácido
fólico, muy recomendado a las embarazadas,
ya que es determinante en la velocidad de síntesis
del ADN y las biosíntesis de purinas y proteínas.
La B6 está presente en la leche, los huevos
y los vegetales. Se le atribuye un papel terapéutico
en algunos tipos de anemia y en la enfermedad de Parkinson
y su mayor importancia radica en el metabolismo de
los aminoácidos. En la larga lista que integra
el Grupo B figura también la B12, cuya deficiencia
está casi siempre asociada a los síntomas
de anemia por la disminución de los glóbulos
rojos, causa que constituyó un insoluble problema
de salud hasta 1927, cuando los investigadores Minot
y Murphy sometieron a pacientes anémicos a
una sostenida alimentación con hígado.
La B12 es una sustancia de propiedades muy peculiares,
en la que el color rojo es aportado por la presencia
de cobalto y su administración diaria es de
3 microgramos.
LA VITAMINA C
Es la más conocida y muy necesaria
para el organismo humano en comparación con
otras vitaminas, al punto de estimarse el consumo
diario en unos 100 milígramos; su presencia
es notable en cítricos y vegetales. Durante
los siglos XV y XVI la supresión de estos alimentos
en la dieta de viajeros y marinos desencadenó
la aparición del escorbuto, enfermedad casi
erradicada hoy en la mayor parte del planeta.La vitamina
C actúa en el organismo como un poderoso agente
reductor y protector de los efectos oxidantes de los
iones de hierro y cobre. También evita la formación
de nitrosaminas carcinógenas mediante la reducción
de nitritos, lo que le confiere capacidad protectora
frente al desarrollo de ciertos tumores malignos.
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